¿A quién crees engañar?

El síndrome del impostor se caracteriza por experimentar una gran sensación de inseguridad y falta de confianza en vos mismo. Perfeccionismo, autoexigencia y dudas a las que hay que sobreponerse para no engañarse a uno mismo.

Por Alejandra Naudi

Feb 24, 2024

El síndrome del impostor se caracteriza por experimentar una gran sensación de inseguridad y falta de confianza en vos mismo, sumado a un miedo muy grande de que los demás “se den cuenta que no soy suficientemente bueno”, o descubran que “no soy tan bueno, inteligente o trabajador como parezco”. Tengo la sensación de que estoy siendo un impostor, engañando a todos acerca de mis capacidades y mi valía.

Todas las personas nos hemos sentido así algunas veces y esto es normal, sobre todo frente a momentos de mayor exigencia laboral o profesional, mayor estrés o cuando enfrentamos alguna tarea nueva. Pero, si te suena muy familiar, quizá lo estés sintiendo de una manera demasiado frecuente y esto puede interferir significativamente en la consecución de tus metas, lo que te propongas conseguir, pero también en tu capacidad de apropiarte de tus logros y de disfrutar de ellos, lo que se traduce además en dificultad de conectar con la alegría y el bienestar experimentado en tu día a día…

Puede ser que la alta autoexigencia te haya llevado a agotarte y a desconectarte de tus necesidades. Te cuesta ser compasivo con vos mismo y valorar tu trabajo. Solemos creer que cuanto más nos exigimos, mejor haremos las cosas, y muchas veces no hacemos nada (nos paralizamos) o nos “quemamos” (burnout) hasta caer en el agotamiento psicofísico y la tristeza.

¿Y si practicamos ser amables con nosotros mismos?

Podes sentir miedo a relajarte, porque siempre habrá alguien que lo haga mejor que vos o bien creés que, hagas lo que hagas, nunca será suficiente. Pensás que siempre, siempre podrás mejorar, sin tener en cuenta el costo total que este sobre esfuerzo puede tener para tu vida cotidiana. O, por el contrario, evitás a toda costa ponerte a trabajar porque no te querés demostrar a vos mismo lo que en realidad ya sabés: que “no valés para ello”, estás completamente convencido de que no lo sabés hacer del todo bien…. Y es que todo esto tiene un costo: falta de capacidad de disfrute, dificultad para conectar con la alegría, ansiedad, tristeza, un sistema nervioso completamente saturado que no alcanza a procesar ni integrar la exigencia con la que va viviendo.

Y es que el perfeccionismo suele estar muy ligado al síndrome del impostor ya que entramos en un bucle mental, en un círculo de expectativas elevadísimas que llevan a frustraciones constantes. Al pensar que nada de lo que hago es suficiente, aumenta mi sensación de pérdida de control, disminuyendo mi autoestima, por lo que es necesario buscar validación externa. Es decir, que necesito imperiosamente los aplausos y que las personas de mi entorno validen mis logros, mis progresos y me expresen constantemente lo bien que hago las cosas. Claramente esto no se mantiene en el ambiente externo, lo cual aumenta el estrés, los bucles mentales y los pensamientos intrusivos. O sea, me vuelvo a decir a mí mismo que no lo hago lo suficientemente bien, que podría hacerlo mejor, que no es tan valioso mi trabajo. Es lo que llamamos autocrítica extrema, es el autosabotaje. El enemigo número uno de ponerme a trabajar en mis metas y sueños.

Por eso, cuando vengan esas dudas otra vez a visitarte, simplemente piensa que al primero que estás engañando es a vos mismo, cada vez que hacés caso a esos pensamientos que te invaden y vos tomás como reales. Siempre lo digo: prestá atención a tu diálogo interno: ¿qué te decís cuando te hablas? ¿Cuán compasivo y amoroso sos con vos mismo cuando algo no te sale como esperabas?

Recordá siempre que sos mucho más que las dudas q tienes a veces, más que esos momentos de inseguridad que, aunque parecen eternos, pasan. Sos más que todo ese autoboicoteo mental que te aleja de lo que deseas diciéndote que no sos suficientemente bueno para lograrlo o, al menos, intentarlo trabajando en ello.

No sos esas dudas, sos quien las crea y siembra…

No sos esa inseguridad, sos quien la siente y quien la observa.

Tomá distancia… si podés verlo, podés trabajarlo.

Cada vez que creés en ese diálogo interno, al único que estás engañando es a vos mismo…

Confía, lo estás haciendo lo mejor que podés y sabés, y eso es suficiente.

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