Barovero y la leyenda del arquero del tatuaje

"Uno no escribe las cosas que le pasan en su vida, sólo trabaja", dijo el arquero que con esa filosofía se ganó un lugar en la historia de River y también se llevó el cariño y el reconocimiento de los hinchas millonarios a pesar de su regreso al Monumental como rival.

Por Cholo Sottile

Feb 23, 2024

No necesitó de un bulldog en el pecho ni usar una vincha en épocas de vestimentas sobrias. No voló de palo a palo en la Selección aunque también patentó un buzo verde. Marcelo Barovero, en tiempos de la revolución del marketing, se hizo arquero de tatuaje casi sin levantar la voz. Apenas levantó el dedo índice del guante derecho después de volar a su palo izquierdo y desviarle el penal histórico a Gigliotti. Después de esa jugada bisagra en su vida, el delantero de Boca se tuvo que exiliar futbolísticamente en China y los hinchas de River salieron corriendo a comprar la camiseta de Trapito. No se puede saber qué hubiera pasado sin ese instante mágico para él; sí está claro qué pasó: le cambió la vida al ciclo Gallardo.

Esa Copa Sudamericana 2014 fue el primer título del Muñeco entrenador, en sus primeros seis meses en el club y con un fútbol de alto vuelo. El River de Pisculichi, el River de Gallardo, el River de Barovero…No era menor ganar en el inicio, porque permitía ratificar ideas y construir poder, fundamentalmente porque se trataba del técnico elegido por Francescoli para reemplazar a Ramón Díaz, tan ganador como querido en el club. El Pelado era Gallardo antes del Muñeco. Después de un arranque dubitativo en su primer ciclo, con internas con los caciques del plantel y con los dirigentes con la necesidad de ratificarlo en cada reunión de Comisión Directiva, Ramón había logrado la segunda Libertadores en el 96 con un equipazo. Justamente, 19 años después, en el 2015, River volvía a ganar la Copa con un Barovero notable en el arco. Sin ningún gesto estridente, se hacía indiscutible el arquero que había llegado de Vélez en perfil bajo. Se transformó en un ícono de la historia moderna de River.

El Monumental aplaudió a ese símbolo en su vuelta al estadio donde consiguió la mejor versión de su carrera. Barovero jugó 168 partidos y ganó 6 títulos en River. Aun antes de la explosión de la gente, que valora el presente sin olvidarse del pasado, se dio la foto del traspaso de mando. Trapito recibió el abrazo de Armani, el otro arquero que representa al ciclo Gallardo, el que llegó del fútbol colombiano cuando se extrañaba a su antecesor. En ese tiempo se probó con la vuelta de Lux, arquero con pasado en Selección, y con Augusto Batalla, un chico del club con mucho potencial pero en ese momento con poca experiencia. Ninguno de los dos pudo con la sombra silenciosa de Barovero. Después de los saludos, el ahora 1 de Banfield entró a atajar el mismo día con la emoción también de cumplir 40 años justo debajo de ese arco. Y lo reconfortante para él, además del poder que representa sentirse querido por los hinchas, fue que no jugó con nivel de partido despedida o amistoso homenaje.

Barovero se convirtió en la figura de la cancha con un show de atajadas a ex compañeros como Nacho Fernández, a ex rivales como Colidio, y a chicos que lo veían por televisión como Mastantuono o Ruberto. Sólo no pudo con el buen cabezazo de Solari para el empate agónico del equipo de Demichelis. Trapito, en definitiva, se transformó en alguien representativo para todas las generaciones. Tan respetuoso fue siempre, que la pasión a veces desbordante del hincha no le facturó que en su momento haya querido irse al fútbol mexicano, al Necaxa, para salirse un poco del estresante día a día de River. El Mundo River puede resultar avasallante para alguien al que le gusta caminar sin hacerse ver.

River, excelente en sus modales, no pensó en chiquito porque ahora Barovero llegó como rival por primera vez al Monumental. Alguna voz habrá pensado que no se debía recibirlo así, con aplauso apenas se asomó a calentar las manos, con plaqueta y beso de todos. En realidad, Barovero no necesitaba un impulso motivacional para atajar en ese nivel. Consciente de su momento, y siempre con perfil bajo, había llegado al equipo donde Falcioni es Emperador para pelear el puesto con Cambeses, quien en esta Copa de la Liga fue transferido a Racing. Ahora, con continuidad, Barovero recuperó su nivel de póster. Y así, recordó de nuevo a otro arquero histórico como Fillol.

El abrazo entre dos arqueros que ya dejaron una huella en la historia de River.

El Pato, el día de su retiro en Vélez, jugó para 10 puntos en tiempos que los medios gráficos casi no aceptaban calificar con esa nota salvo un partido notable como el del mejor arquero de la historia del fútbol argentino. Esa tarde, Fillol le negó una vuelta olímpica a River. El domingo, Barovero sólo le quitó dos puntos a su ex equipo en la semana previa al superclásico con Boca. Después, como siempre, su palabra fue un susurro. «Por algo se dan las casualidades. Lo empecé a pensar cuando vi que el día de mi cumpleaños tenía que venir a jugar al Monumental. Es duro. Repercute emocionalmente. Acá pasé años maravillosos, con una conexión especial con los hinchas y con el estadio. Además, esta vez tenía que defender el arco de Banfield. Pienso que la edad me ayudó a manejarlo. Uno no escribe las cosas que le pasan en su vida, sólo trabaja». Es cierto: si lo hubiera escrito Barovero, no habría salido tan perfecto.

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