Chiquito Romero ahora pone el hielo en una bebida para festejar…

Boca Juniors jugará una nueva final de Copa Libertadores el sábado 4 de noviembre ante Fluminense en el estadio Maracaná. A pesar de los puntos a favor que tiene el Xeneize, esto no hubiese sido posible sin Sergio Romero, la figura en la que confió Juan Román Riquelme y se recuperó gracias a Jorge Batista.

Por Cholo Sottile

Oct 10, 2023

Chiquito Romero vivía con hielo en la rodilla. Llegaba a su casa en el país que fuera, desde hacía casi 15 años, y necesitaba desinflamar la zona. Aunque fuera el arquero de la Selección, o esperara su turno en el Manchester United, le dolía. Los jugadores tienen un umbral de dolor alto, pero en su caso era un nivel más. Lo padecía más que los comentarios del afuera. Como alguna vez Fernando Gago contó que no podía taparse con la sábana, o el enorme Gabriel Batistuta confesó que no podía levantarse para ir al baño, Sergio Romero estaba encapsulado en su malestar. Por eso no sólo necesitaba un arco donde volver a sentirse importante y un club donde la gente le valorara su capacidad como después de convertirse en héroe contra Holanda en el Mundial 2014. Chiquito necesitaba básicamente tener la rodilla sana. Ahí es donde aparece Jorge Batista en su historia, el mismo legendario médico de Boca que hace algunos años hizo volver con lágrimas de emoción a Martín Palermo justo contra River por la Copa Libertadores. Antes había aparecido Juan Román Riquelme, su ex compañero en los Juegos 2008, que lo invitó al predio de Boca y en pocas horas lo sedujo para agarrar los guantes de Agustín Rossi cuando no se pusieron de acuerdo con los números de su conflictivo contrato. Al tiempo apareció de nuevo el doctor con su bisturí mágico, cuando Chiquito se resintió. Fue cuando se escribió el capítulo clave. “Me cambió la vida. Pasó a ser una rodilla nueva para mí. Sin líquido, sin dolores, sin molestias… Yo no era un arquero retirado. Yo no era un arquero roto. Era uno que necesitaba tiempo y en Boca lo conseguí. El diario del lunes lo escribí yo solo”, dijo Chiquito, el que ahora está en la tapa de ese diario.

Romero es uno de los grandes argumentos por los cuales Boca jugará la final de la Copa el 4 de noviembre en el Maracaná. Y si el afiche de presentación tiene a Cano del lado de Fluminense por su potencia goleadora, lo muestra a Chiquito del lado de Boca. Él y Valentín Barco son las estrellas de este camino. De hecho, se consolidó como el mejor arquero en lo que va del año por su relevancia en la Libertadores. Fue más regular y determinante que Franco Armani, el campeón del mundo que tuvo un 2023 irregular. Y con más valor que los muy parejos Augusto Batalla en San Lorenzo y Guido Herrera de Talleres. La historia de Chiquito, además, es de superación. Su rodilla era un desafío para él y para la dirigencia de Boca. Ahora, a resultado puesto, puede estar orgulloso de haber traído al mejor refuerzo de la era Riquelme. El más relevante, aún cuando le falta un partido -y tal vez algún penal- para sentarse a la mesa de Óscar Córdoba y el Pato Abbondanzieri. Chiquito hasta fue figura clave contra Racing, el club que lo vio nacer y lo silbó cuando apareció en Avellaneda. Contra Palmeiras, cuando Marcos Rojo vio la doble amarilla irresponsablemente, Romero le salvó la cabeza. No fue casual que Cavani festejara con Romero: a él también le salvó la foto después de errar el primero.

Edinson Cavani y Sergio Romero, las figuras que llevaron a Boca a una nueva final.

Romero se bancó todo en silencio. Como dijo, lee y escucha bastante. Y había un tanto de subestimación en el mundo exterior, más allá de que había un riesgo físico hasta la última operación. Tal vez fue porque se lo vio mucho tiempo lejos del fútbol argentino, o porque parte de esa generación de las finales perdidas no tuvo el reconocimiento que finalmente le dio Messi cuando levantó la Copa del Mundo. Ahí, mientras Leo iba por la última chance, Chiquito volvió a poner todo. Muchos se fueron de vacaciones por el Mundial; él hizo un riguroso trabajo de recuperación. Si se permite una escena personal, en esos tiempos me lo crucé en una estación de servicio camino a La Plata. “Estoy bárbaro. En enero empiezo a trabajar con el equipo y voy estar bien. No tengo dudas”, me dijo con confianza absoluta en su rodilla. Entonces empezó a darle seguridad al arco mientras su pierna respondía. Fueron seis meses después de su llegada. Aunque ya nadie recuerda esos días. La frase que retumba es la de cada definición por penales. Chiquito junta a sus compañeros y tanto con Nacional, Racing como Palmeiras les dijo “ustedes vayan tranquilos que yo atajo dos penales”. Después fue y asustó a los rivales en cada definición. Un verdadero especialista. Ahora el hielo lo pone en alguna bebida para festejar…

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