Cirujano y pochoclero, el amor que se transmite de generación en generación

Julio Adad opera y da clases en la facultad. Además, mantiene la llama que heredó por su bisabuelo y ahora comparte la experiencia en el carro con sus hijos. Ah, el traumatólogo también es médico de Newell's.

Por Jonatan Pedernera

Jun 6, 2023

Para el doctor Adad, sus pasiones están cosidas por el mismo hilo conductor: su trabajo, el puesto y sus antepasados, sus hijos, el fútbol y Rosario. Ejemplo de lucha y superación, se recibió respetando la tradición y nunca se alejó de lo que lo mantuvo con ganas y lo hizo feliz desde un principio.

Julio César Adad tiene 40 años, es cirujano especializado en traumatología y ortopedia y también da clases en Universidad Nacional de Rosario. Pero en su legajo mantiene un doctorado que perdura a lo largo de la historia junto al apellido: es pochoclero en el Parque Independencia  desde muy chico.

El cirujano, atendiendo al aire libre…

«Los fines de semana el carrito de pochoclos y garrapiñadas es mi tubo de oxígeno, la conexión con mi viejo, que murió en 2001… es mi lugar en el mundo. Atendiendo a los clientes me siento otra vez un chico, aquel de 8, 9, 10 años que fue feliz», cuenta emocionado Adad, quien compartió tardes con el mismísimo Lionel Scaloni, pero esa es otra historia…

 

Su bisabuelo Juan plantó el puesto en 1929, su abuelo y su padre siguieron con el negocio y espera que el legado siga con sus hijos, Faustina y Eusebio, de apenas 6 meses.

De familia humilde, se crió entre bolsas de maíz pisingallo y botellones de aceite. En épocas de estudio, tras cursar en la facultad, se aprestaba en el carrito. Así,  entre revoloteos de niños, continuó cada día, extenso en todo sentido, con apuntes. Ah, eso sí, “Siempre en bicicleta porque no había un peso”, le aclara a ADN+.

-¿Cómo combinás las dos tareas?

-Sinceramente, no hablo de combinar las funciones porque ambas cuestiones forman parte de mi vida. Estudié al lado del carrito y pude recibirme. Hoy ya formado y como especialista, siento mucho orgullo de lo que pude conseguir. Disfruto de poder tomar mate al lado de mi bebé y mi niña, veo mi infancia, acompañando a mis padres, en ellos.

-¿Te fueron a comprar varios pacientes o alumnos?

-¡Muchas veces! Me han dicho: “Profe, usted es una inspiración para nosotros”. Es muy fuerte. El esfuerzo por la muerte precoz de mi padre a sus 46 años me hizo madurar a la fuerza. Esa madurez, sin darme cuenta, me llevó a ser súper exigente. Han venido pacientes y en el momento de comprar me miraban con caras raras. Yo los sorprendía: “Te veo muy bien de la rodilla”, les decía a las mismas personas que había operado.

Con el otro gorrito, en el sanatorio. «Amo ser médico», dice Julio.

-¿La tradición va a seguir el curso con tus hijos?

-La verdad, no sé cómo continuará porque los tiempos están cambiando. El nene me acompaña desde los dos meses de vida. Ojalá que hagan lo que les hace feliz. Yo hago lo que amo y se lo transmito, no soy ni más ni menos que nadie por estar en la misma semana en un quirófano operando o vendiendo pochoclos. Soy la cuarta generación de vendedores, mi bisabuelo comenzó allá por el año 1929 y hoy, tantos años después, disfruto de trabajar junto a mis niños y ellos disfrutan. ¡Y comen mis pochoclos!

-¿Qué pensás de aquellos que dicen que la salida ante la difícil situación económica está en Ezeiza?

-A ellos les digo que el único camino no es el aeropuerto de Ezeiza. Hay que tratar de que sea el inicio de un destino turístico. No merecemos irnos lejos de nuestros afectos. Tengo muchos amigos que se van constantemente y yo quiero apostar acá. En un momento estuve a punto de abandonar los estudios, fue en primer año, pero le puse mucho empeño y dedicación. Hay que ser positivos y buscarle el lado bueno a cada momento, siempre. Que mi historia les sirva a muchos chicos me hace enormemente feliz.

Si bien eran de distintas categorías, Adad compartió su formación futbolística con Lionel Scaloni en el Rojinegro.

-¿Y el fútbol? ¿cómo se dio?

-Me llamaron desde Newell’s para trabajar en la Reserva. Ahí estoy tres días en la semana y también voy a los partidos, formo parte del cuerpo médico. Me siento muy cómodo, ya que el fútbol también forma parte de mi vida desde muy chico. Hice las Inferiores en La Lepra y después estuve en Ferro, Sarmiento de Junín, Argentino de Rosario y también probé suerte en el fútbol brasilero.

Tiempo completo. Su rutina en el Coloso del Parque, a metros de su puesto de pochoclos.

-¿Jugaste con algún conocido?

-Sí, con varios grosos de la ciudad. Imaginate cuando me ven con la ropa del club y después aparezco con el traje de pochoclero, je. Estuve un tiempo en San José, ahí compartí equipo con Pablo Pérez. Después, me enfrenté al Chelo Delgado, a Leonardo Talamonti y muchos más.

-¿Te gustaría expandir el puesto de venta por todo Rosario?

-Sinceramente, nunca tuve intenciones porque toda mi familia tiene su carrito, mis tíos también son vendedores. Lo que sostiene a este puestito es la calidez humana, es lo que hace que se siga proyectando en el tiempo. Hay un hermano de mi abuelo que tiene 93 años, todavía viene al Parque y está lúcido. La gente recuerda cosas con él delante de mis hijos: esa es la esencia.

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