Demichelis, el DT que dejó el orden alemán para ser campeón con su amado River

Estaba cómodo en Munich y le dijeron que estaba loco si volvía a la Argentina. Pero el amor fue más fuerte y en pocos meses consiguió imponer su sello y coronarlo con una vuelta olímpica.

Por Cholo Sottile

Jul 17, 2023

Las miradas a veces dicen mucho más que las palabras. Se puede mentir con la lengua pero es difícil engañar con los ojos. Se comprobó en la consagración de Martín Demichelis como técnico campeón de River. Ya en el primer tiempo, cuando la gente por primera vez cantó «que de la mano, de Demichelis, todos la vuelta vamos a dar», miró con emoción. Y su llanto explotó varias veces al final del partido. Una vez fue cuando debajo de su saco de gala se puso una camiseta suya del 2001, una número 26 que su hermana sacó de un cuadro de la casa familiar en Justiniano Posse y se la trajo porque era muy especial para él: tenía el nombre de su mamá, Ilda Margarita, una de las personas que él hubiera querido que estuviera al lado suyo en el Monumental. «Ella era mi fan número 1», dijo conmovido. O cuando se cruzó en la transmisión de ESPN con Leo Astrada, su primer capitán el día que debutó como lateral derecho en el Apertura 2001, también contra Estudiantes de La Plata. Lloraron los dos en el momento que Micho recordó cuando el Jefe dio la vuelta olímpica con su papá secuestrado. O cuando festejó con Ema, su hija menor, que caminaba en sus brazos y lo observaba con tanta admiración como sorpresa. Se abrazó con Lola y Bastian, sus otros herederos. Se dio un beso muy especial con Evangelina Anderson, su esposa guardaespaldas. Y se sacaron la foto los 5 juntos. Un guión perfecto, porque no sólo era campeón en su primer torneo, después de reemplazar a Marcelo Gallardo, si no que el equipo jugó como a él le gusta. Y como les gusta a los hinchas como él. Es tal cual dice una escena trascendental de El secreto de sus ojos, justamente: «El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión”. Se notó perfectamente al verlo a Demichelis. Su pasión es dirigir a su River. Quería estar más cerca de Núñez que de Munich.

Hay entrenadores que están desesperados por meter una buena racha en sus equipos y poder irse a dirigir afuera. Sueñan como objetivo máximo con Europa, un destino que no es sencillo. Puede ser por conocer otra liga, por un desarrollo económico o por darle a su familia más tranquilidad en el día a día. Pero había alguien que estaba allá, local en su ciudad de primer mundo, que disfrutaba del orden alemán y del tiempo con los suyos, que estaba desesperado por volver a la Argentina. Un poco por el nervio de la jungla del fútbol argentino, aunque más que nada por River. No le generaba miedo escénico llegar detrás del Muñeco, que en Núnez es tan complejo como pisar el escenario después de The Rolling Stones. «Cuando Gallardo se fue y yo estaba dentro de los nombres que se barajaban en los medios, mi mujer me miraba y me decía ‘no te vas a meter en ese quilombo’. Creía que estaba loco. Pero le pedí que me acompañara a esa locura monumental. Yo jamás dudé. Y menos cuando River decidió que fuera el entrenador. El cambio de vida para mi familia es brusco, es cierto, tanto como que River es todo para mí. Igual para Bastian, mi hijo mayor y para mi mujer. En River soy feliz», explicó Martín Demichelis su decisión apenas aterrizó en el país. En ese momento le puso palabras. Ahora lo ratificó con hechos: conmovió verlo festejar su primer campeonato como DT del club que lo vio nacer también como futbolista. No estaba loco, como le decía más de uno que también lo alarmaba desde la Argentina. O, en todo caso, vive una hermosa locura.

Las charlas habían empezado más de un año antes. Tal vez más informales, con cruces de mensajes. La intención era conocer sus ideas futbolísticas, saber su desarrollo, de qué iban los cursos que había hecho en Italia y por qué le había dicho que no un tiempo antes a Talleres de Córdoba, el primer club que pensó en Demichelis. Los dirigentes de River, con Enzo Francescoli en el rol de un Secretario Técnico tan silencioso como efectivo en sus elecciones, sabían que el ciclo Gallardo estaba apagándose. Igual que Matías Patanian, el dirigente encargado del fútbol, otra persona clave en el proceso de scouting. No era por decisión de ellos si no porque el fantástico Gallardo, el entrenador más preponderante de la historia moderna del club, ya había empezado a renovar por un año y decidía al final de temporada. Martín, el ex marcador central que zafó de quedar libre en la Cuarta y debutó de la mano de Ramón Díaz; el que atajó antes que Enzo Pérez una tarde contra Racing, cuando el Sargento Giménez expulsó a Angel David Comizzo, el día que terminó con el gol de Pipino Cuevas después de una corrida histórica; ya era entrenador de la Sub 23 del Bayern Munich, donde se había consolidado y logrado ser figura cuando fue transferido en el 2003. Ahora, 20 años después, llegó a River después de mostrar un estilo de conducta en toda su carrera y una computadora repleta de jugadas. Es un tacticista del buen juego.

Demichelis salió de su zona de confort. Se adelantó a su familia para estar en el país en diciembre del 2022. Evangelina Anderson viajó al tiempo para acá reportando en sus redes sociales. Tanto lo mueve River, que se fue a vivir en un edificio con vista al Monumental. De todos modos, claro está, River no contrató a un hincha que se rodeó de ex líderes del plantel como Javier Pinola y Poroto Lux. En diez partidos, los que él mismo pidió, le dio una identidad a River y lo transformó en el mejor equipo de la Argentina. El torneo no se lo peleó nadie. Apenas llegó se puso la vara alta. «El hincha de River paga el abono más caro del país y exige una forma de jugar», declaró con pin de River siempre del lado del corazón. Y provocó una identificación muy importante de los hinchas con un equipo que vuela. No sólo provocó que el Boca de Almirón casi no lo atacara nunca en el Monumental. En un principio, cuando todavía no había ganado, se le animaron Kudelka, el DT de Lanús, y Fassi, el presidente de Talleres. Típico del fútbol argentino, al ganar pasó a tener razón de todo y ya nadie le cuestionó reclamar por el aire acondicionado ni lo imaginó como ayudante de otro entrenador. El mundo del fútbol votó a River como el mejor equipo, con Aliendro como el mejor jugador del torneo, Beltrán como un 9 más cerca del estilo Julián Alvarez que de la competencia con Borja y Rondón, con De la Cruz jugando en modo avión como contra Estudiantes, González Pirez recuperado desde la llegada de Micho y el capitán Enzo Pérez cada vez más ovacionado. Sin importar si era el River de los 5 volantes o el River de los dos puntas, superó a casi todos. Lo dijo Gorosito después de sufrirlo con Colón: «River juega a otra cosa». Igual que el DT campeón, que pensó distinto y cambió Alemania por Argentina. El estaba desesperado por volver. Como diría una frase tuitera, quedate con quien te mire como Demichelis a la camiseta de River…

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