El triunfo de Diego Martínez, el hombre sin nombre

El técnico de Boca no tiene un pasado glorioso en el club. "Soy de allá abajo", dice cuando habla de su pasado como futbolista y de sus comienzos como entrenador. Un DT que crece en silencio y que hoy disfruta de una de "ls tres mejores victorias" de su carrera.

Por Cholo Sottile

Abr 22, 2024

Diego Martínez tiene un apellido común. O peor aún: no tiene nombre en el mundo del fútbol. Suele pasar que el jugador de pasado estruendoso en un club consigue la oportunidad rápido cuando se convierte en entrenador. Los dirigentes suelen ser rehenes de la famosa espalda, o sea, de los dos partidos más de tolerancia que tiene alguien querido por los hinchas. No cuenta siempre la capacidad sino las letras que llevaba en la camiseta. Chapa mata preparación en repetidas ocasiones. El actual técnico de Boca representa la historia más inusual, el camino más largo para llegar al trono. Jugó al fútbol sin demasiados flashes. Fue un volante izquierdo de varios equipos del Ascenso como All Boys, Estudiantes de Caseros, Gimnasia y Esgrima de Entre Ríos, Ituzaingó.

Tuvo su experiencia europea por Grecia y también pasó por Colombia y Guatemala. Hasta que una cuarta operación en la rodilla lo hizo parar de jugar en 2011. Allí decidió ser entrenador. Y se preparó en todas las categorías hasta pisar la Primera. La remó hasta llegar a esta tarde consagratoria en un superclásico. La peleó hasta ganarle el duelo táctico a Martín Demichelis, ex futbolista de equipos de elite y formateado en la cantera del Bayern Munich. Estudió hasta hacer ese reacomodamiento táctico cuando River le ganaba 1 a 0 a Boca y dar vuelta el partido. Así sedujo primero a Juan Román Riquelme, que cambió su método de elección y hasta su consideración por la relevancia del conductor táctico. Y una tarde, en Córdoba, otra vez con la gente de los dos equipos, cara a cara se metió en el apasionado hincha de Boca. Diego Martínez fue el gran ganador del mejor Boca-River de los últimos años.

Hace un tiempo que Román quería a Diego Martínez en su Boca. Lo pensó cuando llegó Almirón, en abril del 2023, pero al Gigoló le resultaba imposible salir del Tigre de Sergio Massa. Nadie quería entrar en un conflicto políticamente incorrecto. Ya había pasado Miguel Russo, la persona justa para darle paz a un mundo convulsionado en el primer año de Riquelme dirigente. Fue un arranque sensacional con un final infeliz, eliminado feo de la semifinal de la Copa. Ya se había fallado con el modelo del ex jugador que pasa por la Reserva: más allá de ser campeones, en sus inicios como entrenadores no dejaron huella Sebastián Battaglia ni el Negro Ibarra. Tal vez el día de mañana hagan historia, pero hoy Boca no los volvería a buscar

Además, el volante más ganador de la historia del club se fue con conflicto en una estación de servicio. Ahí entonces pareció el momento de Diego Martínez. Este técnico de hoy 45 años ya había hecho su recorrido. Una vez que se retiró, estudió el profesorado de Educación Física en el CEFAR, que funcionaba en la mítica Candela con Coqui Raffo, histórico director de juveniles en Boca, el del famoso convenio con Barcelona. En esa unión deportiva empezó a formarse Diego Martínez, al punto que viajó a Catalunya, presenció entrenamientos y se sacó la foto que todos quieren tener. Tuvo un pequeño cruce con Leo Messi. Con Raffo en Boca, entonces, Diego arrancó con los chicos. Empezó con la categoría 2000 y fueron pasando sueños hasta la 2004. De esa época es la famosa imagen en la que sobresale un coloradito que es Valentín Barco. Dirigió a Mateo Retegui, Equi Fernández, Colidio, Langoni, Taborda, Weigandt… Hasta que decidió dirigir a los grandes. Salir de su zona de confort y dar el salto. En 2025, el primer equipo fue Ituzaingó en la D. Sacó 22 puntos de 24 y empezó un estilo…

En el 2017 dirigió Cañuelas y terminó tercero. Pero ya en el Ascenso se hablaba de su forma de jugar. Equipos con salida prolija, vertiginosos, de ataque. Después pasó por Comunicaciones en la B Metro y bajó sin mucho éxito a Midland en la C. Hasta que al otro año le llegó un trabajo clave: Estudiantes de Caseros, donde había sido también mediocampista. Con su grupo de jugadores ascendió al equipo y llegó a semifinales de Copa Argentina, un partido con muchas cámaras, cuando quedó eliminado con el River de Gallardo. Este trabajo fue determinante para que Godoy Cruz lo fuera a buscar. Alguna vez habrá que valorar en su justa medida al equipo mendocino en sus elecciones: va por el trabajo de un histórico siempre dispuesto a dar una mano como el Gato Oldrá o mete hallazgos como Heinze, Almirón, Palermo, Diego Cocca, el Gallego Méndez.

Así Diego entró al mundo grande de la pelota. Y tuvo su revancha, o su otro trampolín, en Tigre. Lo ascendió a Primera en 2021 con un estilo de juego definido y aplaudido. Al año siguiente, ese Tigre de Colidio y Retegui, casualmente dos de los pibes que había tenido en Boca, eliminó la Copa de la Liga a River en el Monumental. Otra vez su camino se cruzaba con Gallardo: esa noche lo presionó bien arriba en la salida, provocó el error del rival y lo barrió. Se quedó con las ganas de ser campeón en Córdoba, cuando el Boca de Battaglia le tiró la calidad de su plantel por la cabeza. El equipo perdió pero Diego ya se metía en la consideración general. Por eso, cuando se quedó sin nafta en zona Norte, tuvo su chance en Huracán en 2023 y lo salvó del descenso al cortarle la racha de 20 partidos de local al River de Demichelis…

Esos días oscuros, de un esfuerzo con pocos periodistas a la salida, salió a escena cuando Diego Martínez habló ya ganador del clásico casi en cadena nacional. Fue cuando le preguntaron si había sido la victoria más importante de su carrera. «Yo digo que soy del Ascenso 100 por ciento y lo digo con orgullo. Porque soy de allá abajo. Creo que esta victoria está entre los tres mejores, con el ascenso de Estudiantes de Buenos Aires, que hace poco se cumplieron 5 años, y el de Tigre, que junto a la campaña en Primera División están entre las alegrías más importantes que tuvimos como cuerpo técnico», dijo con emoción, como cuando gritó los goles en el estadio Mario Alberto Kempes. Justamente él, un peleador de perfil bajo, fue quien sacó la mejor versión de un crack como Cavani, potenció otra vez a Equi Fernández, le dio pista para ser figura del clásico a Merentiel, le dio vuelo al gran refuerzo que es Zenón, liberó por los costados a Advíncula y Lautaro Blanco, siempre respaldado por esa muralla enorme que es Sergio Romero en el arco.

Deberá coronar, como pidió Román para ponerle el sello, pero el Boca de Diego Martínez en este tramo del 2024 es el que mejor juega en el ciclo Riquelme dirigente. El que más convenció al hincha. El que enfrentó a River de otra forma y lo superó con juego además de carácter. El que logró que en la previa fuera el más parejo de los últimos 5 años. Con casi el mismo plantel del año pasado, porque llegaron Zenón en lugar de Barco y Lema para completar la defensa. En todo caso, hasta ahora es la victoria de un nuevo modelo. Fue el triunfo de un humilde en el partido de las estrellas. Ganó Diego Martínez, el hombre sin nombre…

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