Enzo Pérez, un líder que compite hasta el final

Se fue de River y no eligió los millones árabes ni la comodidad estadounidense. Quiso seguir desafiándose y otra vez es líder de un equipo que está a un paso de ser campeón argentino otra vez.

Por Cholo Sottile

May 3, 2024

A Enzo Pérez hay que mirarle más el tatuaje que el documento. Juega con una pasión que no se apaga a sus 38 años. Quizá se pensó que al despedirse de River iba a bajar la carga de stress. Pero él no decidió ir a Miami cerca de la playa ni el gusto nostálgico de volver a Deportivo Maipú, tal vez porque su primer club mendocino no ascendió. En estos tiempos en que se puso de moda la palabra, decidió competir. O seguir compitiendo al máximo nivel en un lugar como Estudiantes. Un club donde todos lo quieren porque fue parte del póster del campeón de América 2009 con Sabella como entrenador. Un escudo con sentido de pertenencia comandado por Verón, un ex compañero mundialista con el que se puede dar un abrazo…

Enzo ya no podía convivir con Demichelis después del off que sintió como una traición imperdonable. De ahí el morbo y la tensión en el mano a mano que perdió en la Supercopa Argentina, la noche del saludo frío. Tuvo que esperar algunas semanas para sacarse la espina en el estadio Kempes. Allí eliminó a Boca, el equipo al que ya le gritaba goles como hincha antes de jugar el superclásico. Y otra vez se pareció a una película con final épico. El plan de Diego Martínez superó al de Eduardo Domínguez en el primer tiempo. Se emparejó con los cambios. Hasta que llegó la patada que rompió el partido. Lema, quien tenía amarilla después de correr 60 metros para pelearse para la tribuna después de un cruce entre Cavani y Zuqui, levantó su pierna a un espacio donde se juega con la cabeza. Fue penal y gol de Cetre a Chiquito Romero. Así se llegó a la definición desde los 12 pasos. Y en esa instancia donde Boca juega con ventaja, se impuso Estudiantes y desató el delirio. Enzo, el capitán de la contra, se sacó la camiseta y, sin el gps que podía tapar la visual, le mostró al mundo el escudo de River con tinta indeleble en su espalda.

«Se pone de espaldas a la platea de Boca con el tatuaje enorme de River después de haberle ganado por vez número 500 en su vida. Este hombre se tenía que retirar en River. Hay líderes que son irremplazables», posteó la esposa de Enzo después del triunfo y el festejo viral. Es tan lineal como lógico pensar que ella dijo en voz alta lo que él piensa íntimamente. Allí hay un punto que pasa más allá de la estadística de pases correctos. Enzo Pérez no jugó el mejor partido de su vida, su Copa de la Liga no empardó el nivel que logró cuando llegó a la Selección para disputar dos Mundiales, por supuesto. Pero tiene lectura de juego, liderazgo, experiencia, jerarquía. Entonces, mientras en el Monumental no saben si el 5 es Villagra, el volante de los 12 millones de dólares; o Fonseca, el uruguayo con apellido rutilante; el último ídolo del club va a jugar una nueva final.

Y tiene tanta chapa, un apellido tan grande, que puede festejar un triunfo histórico de Estudiantes con el escudo de River en primer plano y nadie se atrevería a cuestionarlo. Es un intocable. Tanto, que en el Mundo Millonario festejaron más el triunfo de Enzo que la caída de Boca. Los hinchas tomaron como propio el triunfo. Y hasta Rodolfo D’Onofrio, el presidente en el ciclo Gallardo, salió a jugar en las redes sociales: «Felicitaciones, capitán». Tan contundente como ruidoso, porque el histórico 24, el que hasta jugó de arquero para subirse a la bandera, se fue con la dirigencia posterior al señor del famoso sweater rojo. O sea, festejó en Córdoba pero el eco no se escuchó sólo en La Plata. Retumbó fuerte también en Núñez, allí donde el jugador hincha fue una de las caras del eterno triunfo en Madrid.

La historia, más allá de ese costado marketinero, va más allá de las internas. Ya sin River en el debate, el valor de Enzo Pérez es superador. Un ejemplo de competitividad. Es alguien que eligió salir de su zona de confort y remar otra vez. Que no le escapó al rigor físico aunque su película está llena de fotos con sonrisa. Que pudo salir del glamour del River Camp y sumarse a la historia familiar del famoso country de City Bell. Es un futbolista que no quiso vivir de los intereses de su carrera, si no volver a jugar para ganar. Estudiantes es para sus hinchas uno de los 5 grandes del fútbol argentino. Es Copa Libertadores, por una tradición que lo tiene 4 veces en lo más alto y porque ahora busca pasar de fase.

O sea, a una edad que muchos buscan una oferta millonaria de Arabia, o una liga donde se pueda jugar casi en puntas de pie, el mendocino buscó probarse otra vez. A él mismo, porque siempre compitió hasta cambiando de posición, desde el jugador que terminaba como extremo, el volante interno o el eje del equipo en el mediocampo. Y le peleó al resto, porque en River terminó titular aunque se había ido a buscar a Kranevitter para ser el 5 en el 2023. Al fin de cuentas, representa lo que repite el Cholo Simeone: «En la vida hay que pelear por lo que querés. ¿Hasta dónde? Hasta el final. Y si viene una curva, acelerá. No bajes. Y si vos estás tranquilo con vos, después lo que pasó es parte del recorrido. Será bueno, a veces malo. Es parte del recorrido. Pero dale hasta el final». Eso mismo hizo Enzo Pérez. ¿Hasta dónde? Hasta el final. Cuando vino la curva, él aceleró… Y el domingo jugará otra final para buscar ser campeón.

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