Furor por los funkos literarios

La colección incluye a autores como Gabriel García Márquez, William Shakespeare y autores argentinos como Julio Cortázar.

Por Jonatan Pedernera

Feb 3, 2024

La idea surgió en Perú y de inmediato se propagó por todo el continente. Se trata de los funkos (muñecos coleccionables) de autores argentinos como Mariana Enriquez, Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik. El creador quiere llegar con sus productos a nuestro país.

La comunidad “hartefakto” del poeta José Troncoso comenzó a crear bolsos, tazas y remeras con escritores. «La motivación o inspiración surgió cuando exploré el potencial creativo de la inteligencia artificial. Al interactuar con esa plataforma, vi la oportunidad de dar vida a personajes literarios en forma de funkos. Fue una combinación de mi pasión por la literatura y la fascinación por las posibilidades que la tecnología ofrece para expresar la creatividad a través de prompts e instrucciones», explicó el diseñador.

Mario Benedetti, el autor uruguayo, tiene su versión funko.

La colección incluye los funkos de Alejandra Pizarnik, Mario Benedetti, Blanca Varela, Gabriel García Márquez, José María Arguedas, Julio Cortázar, Luna Miguel, Mariana Enriquez, Roberto Bolaño y William Shakespeare, y aunque hoy están disponibles para su compra en Perú, México y Chile, Troncoso quiere muy pronto poder llegar a la Argentina, donde reinan los muñecos de un Lionel Messi.

Gracias a la inteligencia artificial, Troncoso exploró a varios autores y tomó en cuenta las opiniones de sus seguidores. En el caso de Cortázar hubo un pedido muy grande de la comunidad seguidora de la cuenta: miles de usuarios de redes querían uno del autor de «Rayuela», «Casa tomada» y «Bestiario», entre otras obras.

Nuestro Julio Cortázar es uno de los muñecos más pedidos.

«Como para tantas personas, Cortázar fue una puerta de entrada a la literatura. Mis primeras lecturas fueron sus cuentos. Mi relación con él se volvió aún más única cuando perdí un ejemplar de ‘Bestiario’ de la biblioteca de mi colegio. La historia dio un giro cuando la bibliotecaria encontró el libro extraviado en un baño y me devolvió el que yo había comprado para reponer. Eso marcó el inicio de una conexión más profunda con su narrativa: leyendo y releyendo Bestiario. Incluirlo en mi post de funkos literarios es una forma de honrarlo», concluyó el creador.

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