Hablemos de necesidades espirituales

Las necesidades humanas no solo engloban los distintos procesos biológicos (hambre, sed, sueño, sexo), el desarrollo psicológico (autonomía, competencia, pertenencia, seguridad) y el componente social (necesidades relacionales asociadas al compartir, cooperación, escucha, respeto, cercanía, solidaridad). Hay una amplia gama de necesidades que podemos llamar espirituales y cuya carencia se puede manifestar como una sensación de […]

Por Alejandra Naudi

Oct 7, 2023

Las necesidades humanas no solo engloban los distintos procesos biológicos (hambre, sed, sueño, sexo), el desarrollo psicológico (autonomía, competencia, pertenencia, seguridad) y el componente social (necesidades relacionales asociadas al compartir, cooperación, escucha, respeto, cercanía, solidaridad). Hay una amplia gama de necesidades que podemos llamar espirituales y cuya carencia se puede manifestar como una sensación de vacío, apatía o desinterés generalizado hacia la vida. Muchas veces las tapamos, las negamos o sustituimos. Sin embargo, buscarán la manera de hacerse presente.

Dentro de las necesidades espirituales podemos hablar de la necesidad de sentido. Sin obligación de ser nada específico, puede limitarse a ser tan sencillo y humilde como simplemente ser. Aprender, evolucionar, ascender espiritualmente, cuidar de tu familia, o nada en particular. La necesidad de sentido puede cubrirse nutriendo la autoconfianza, la confianza en tu camino, en tus tiempos, en tu manera personal de hacer las cosas. Engloba la necesidad de claridad, comprensión, propósito e inspiración.

El autoconocimiento, que aquí mencionamos como necesidad espiritual, es también un requisito fundamental para el desarrollo personal y para la salud mental de todas las personas. Implica la capacidad de auto observarse con detenimiento y cierta profundidad, notar qué se está sintiendo y qué pensamientos estamos teniendo. La introspección es una habilidad necesaria, sin ella no es posible encontrar paz ni felicidad, pues nos aporta información muy valiosa sobre cuáles son tus valores, aquellos que te mueven y necesitan ser respetados.

La alineación suele ser una consecuencia lógica del autoconocimiento, pues conocerte, tener claro quién sos y qué querés en la vida te permite actuar en consecuencia. Es la coherencia entre lo que pienso, lo que soy, lo que siento y lo que hago; junto a la alineación también entre tus valores, deseos y necesidades que, si bien no tienen que coincidir siempre, necesitan al menos orientarse hacia el mismo lugar.

Estar en paz con uno mismo y con la realidad implica reconciliarse con uno y con la vida. Necesitamos para ello profundizar en cosas como quién sos, cómo sos, en qué lugar y momento de tu vida estás, qué te ha tocado vivir en tu historia, qué te toca vivir actualmente. Todas las respuestas son válidas y el camino es trabajar la aceptación de todo lo que vives como parte de lo que te toca vivir. Tu realidad espiritual es única, es la tuya, y se te da la oportunidad de experimentar exactamente lo que necesitás en cada momento. Aceptar lo que ocurre como parte de nuestro camino, de lo que necesitamos vivir, da claridad y confianza en todo momento, incluso en los más oscuros.

La libertad, además de una necesidad espiritual, es un derecho fundamental y está también relacionada con la necesidad psicológica de la autonomía. El sentido de pertenencia es otra necesidad espiritual, ya que como seres espirituales que somos necesitamos saber que formamos parte de algo, de otros seres, de la naturaleza, de la vida misma. Se trata también de una necesidad psicológica, pues como seres sociales, en aislamiento, nos podemos deteriorar hasta el límite último. Es una necesidad seguramente apoyada x nuestro instinto de supervivencia. Un impulso que nos indica que, en grupo, el camino es más sencillo. Sabernos pertenecientes a una familia o a un grupo de personas (comunidad) es una necesidad que podemos tener marcada y bien cuidada.

Las necesidades de soledad y silencio también son fundamentales. En el orden espiritual hablamos de silencio en la ausencia de pensamiento o de actividad. No estamos en silencio sólo cuando no hablamos sino también cuando tenemos una actitud calmada de observación, sin juicios ni pensamientos que nos interrumpan y sin acción alguna por nuestra parte.

Meditar o rezar, o ambas, según tu preferencia, te pueden acercar cada día a tu verdad, que en última instancia es la pertenencia a un todo que nos trasciende. Socializar, servir, ayudar o cuidar también te acercan a la pertenencia. En la medida en que conectemos con los demás, con su realidad y su dolor podremos conectar con nuestro sentido de vida más profundo.

Los rituales espirituales, como necesidades, no tienen que verse de una forma concreta. Podemos encender incienso, limpiar y ordenar nuestra casa, honrar nuestra pertenencia a la vida quedando con amigos y disfrutando de una linda charla. Hay quien hace ejercicio, cocina con amor para toda su familia o cuida su huerto. La intención lo es todo y no se puede juzgar desde fuera cuánto de espiritual  es una acción

Los rituales de autocuidado pueden venir revestidos de una espiritualidad inmensa. Si alineas tus valores con tus acciones concretas cotidianas, podrás hacer de tu día a día una autentica vida espiritual, un camino consciente. Puede que no dispongamos de los mismos recursos de tiempo o atención para nutrir nuestra espiritualidad, pero podemos hacer todo cuanto está a nuestra mano, con simples acciones, para respetar, alimentar y cuidar nuestro aspecto más sutil como seres humanos, nuestra espiritualidad.

Ser coherentes no siempre es sencillo y cuanto más cegados estamos por el sistema, más complejo se vuelve respetar nuestros valores más profundos al alejarnos de nuestra esencia, por desconocimiento o también por desconexión. Por eso hablar de este grupo de necesidades humanas me parece realmente importante.

Solemos asociar espiritualidad con dogmas religiosos. Sin embargo, como hemos visto, las necesidades espirituales van mucho más allá. Ampliar nuestra mirada acerca de nosotros mismos y de todas las personas nos acerca a una humanidad compartida, a considerar la unión como pueblo, como comunidad, como país, como una necesidad fundamental.

Desde ADN+ impulsamos el Tratado de Paz como una acción concreta alineada con estas necesidades tan básicas. Muchas veces no accionamos, porque no lo creemos posible, estamos atados a nuestras propias creencias de cómo son o deberían ser las cosas; presos de un sistema que perpetuamos nosotros mismos cada día que decidimos no retarlo. O cada vez que actuamos en contra de nuestros deseos, valores o necesidades simplemente porque de forma automática hay algo en nosotros que nos dice que las cosas son como son porque “así es como han funcionado siempre” y, aunque intuimos que hay una forma diferente de hacerlas (más alineada y respetuosa con nuestra naturaleza y con nosotros mismos), creemos que esa otra realidad no es posible por muchas razones… De todos modos, siento que es posible creer que hay otra forma de hacer las cosas. Y también intuyo que, si estás ahí, formando parte de ADN+, vos también lo creés.

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