La Escuela Pincharrata: esa forma de vivir que ahora eligió Enzo Pérez

Estudiantes tiene ídolos que nacieron en su cantera y otros que se hicieron pinchas por adopción. Un club con sentido de pertenencia y valores que llevaron al capitán y emblema de River a volver a La Plata.

Por Cholo Sottile

Ene 17, 2024

A Verón lo querían el Real Madrid y la Juventus. Les dijo que no a los poderosos europeos, que ya no lo conmovían porque él estaba en Inter y ya había jugado en Manchester United y Chelsea. Al mismo tiempo lo llamaron de Boca y de River.

Pero sólo los escuchó por cortesía con los escudos más potentes de la Argentina. Con nivel para jugar ese Mundial 2006, donde fue el gran ausente de Pekerman, a JS le quedaba una sola obsesión: volver a Estudiantes. A su Estudiantes. Su escuela, su casa, su club. Un sentido de pertenencia que nació cuando era el hijo de la Bruja, ese extraordinario wing izquierdo campeón del mundo en Old Trafford. Y que potenció hasta destrabar todos los niveles posibles. Es una relación irrompible. Verón, y también otros jugadores o entrenadores que no nacieron con la mística pincharrata, lo toman como forma de vivir. Va más allá de las huellas de Zubeldía y Bilardo, de las etiquetas de estilos de juego, del ganar-ganar-ganar y la leyenda de los alfileres. Estudiantes es un movimiento popular orgulloso de sí mismo.  Allí volvió ahora Enzo Pérez después de ser capitán y filtrarse en la bandera de los ídolos. 

La cancha explota con el “estudión”, según dice Verón, campeón de América, dirigente y jugador más preponderante de la historia del club según la definición inolvidable Sabella. Otros dicen que es “estudián”, al punto que la Brujita hace un tiempo se sumó al debate-encuesta de redes sociales. De una forma u otra se mueve la cancha. El estadio nuevo que es otra estrella para Juan Sebastián. Allí adentro no sólo hay pasión por el equipo de ahora. En Estudiantes siempre se respeta el pasado sin olvidar el presente. Así, al costado de la línea de cal hay una estatua de Carlos Salvador Bilardo, una de los emblemas de la escuela. Del laboratorio del cual se jactan en La Plata. El Mundial 86 se tomó no sólo como un triunfo de Argentina si no de Estudión. El lema siempre es ganar, con una lucha ideológica histórica, pero también por el orgullo de ese equipazo desbordante de buen juego que juntó a Trobbiani, Ponce y Sabella en el mediocampo que resguardaba Miguel Russo, otro descendiente de ese amor repleto de pasión. El gran Alejandro, justamente, es un hijo adoptivo del León. El nació en las Inferiores de River pero se quedó con el apellido de Estudiantes. Fue el DT campeón de la Libertadores 2009 con Verón de capitán. Por esos días se recuerda una tapa histórica de Olé. Los campeones mostraron la Copa desde el balcón a una multitud de la plaza. “Verón y Sabellita”, título con ocurrencia histórica el diario deportivo.

Los jugadores se mimetizan, quieren ir, después desean volver, o en algún momento probar la experiencia. Le pasó por ejemplo a Javier Mascherano, cuando se fue a retirar después de su paso por China. A Andújar, el arquero campeón de la cuarta Copa Libertadores, otro dato que habla de la grandeza Pincha. Fue campeón en 1968, 1969, 1970 y 2009. River, el otro gigante del país, consiguió ese número de trofeos continentales en 2018, con Gallardo, en el ciclo más exitoso de su historia. Le ocurrió también a Mauro Boselli, el 9 del campeón de América, y a la Gata Fernández, su socio en esa delantera. Y ahora se ratifica con Enzo Pérez. El había planificado su carrera para retirarse en Deportivo Maipú, donde empezó a jugar hasta que Daniel Oldrá lo llevó a Godoy Cruz. Se hablaba de Inter de Miami para sumarse a la banda vip de Messi. Pero Enzo, pese a ser hincha de River, y también empujado por sus diferencias sustanciales con Demichelis, eligió Estudiantes para seguir jugando en alto nivel. Enzo piensa que siempre hay que volver al lugar donde fuiste feliz. No fue casualidad que la bienvenida al club se la haya dado justo la Bruja Verón…

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