Hay vidas que parecen tener dos capitulos completamente distintos, unidos por un hilo invisible que solo se puede ver en perspectiva. La historia de Javier Pecos, un musico argentino de 29 anos oriundo de Bariloche, es una de esas. Antes de que su nombre comenzara a aparecer en carteleras de clubes de Nashville y salas intimas de Los Angeles, Javier era un esquiador competitivo que representaba a su provincia en torneos nacionales de ski alpino, entrenando desde los seis anos en las pistas del Cerro Catedral.

La musica siempre estuvo en su vida de manera paralela. Su padre, un tecnico en electronica con aficion por el tango y el folk del sur, le enseno los primeros acordes de guitarra cuando Javier tenia ocho anos. Pero la montana tenia una gravedad muy fuerte, y durante anos el ski fue la prioridad. Hasta que a los 19 anos una lesion seria en la rodilla lo alejo de las pistas durante doce meses de rehabilitacion, y en ese tiempo de quietud y frustracion, la guitarra se convirtio en refugio y despues en vocacion.

Con la rodilla recuperada y la carrera de esquiador ya en un segundo plano, Javier tomo una decision que su familia recibio con sorpresa pero tambien con apoyo: viajar a Estados Unidos con una visa de estudiante y anotarse en un programa de composicion musical en Nashville, Tennessee. La capital mundial de la musica country lo recibio con sus contradicciones: una ciudad que honra la tradicion pero que tambien es un laboratorio de experimentacion donde artistas de todo el mundo buscan su lugar.

Los primeros anos fueron duros. Javier trabajaba de dia en un restaurante y tocaba de noche en open mics de bares del barrio de East Nashville. Su acento espanol, su mezcla de influencias latinoamericanas y folk norteamericano, y las letras que a veces escribia en espanol y a veces en ingles generaban reacciones diversas en el publico. Pero con el tiempo esa identidad hibrida, lejos de ser un obstaculo, se convirtio en su marca distintiva. Era diferente porque era genuinamente el mismo.

El quiebre llego cuando un productor independiente de origen cubano que trabajaba entre Miami y Nashville escucho uno de sus videos en redes sociales y lo convoco para grabar un EP. El material, que fusiona candombe, folk y americana con letras bilingues sobre la nieve, la familia y el desarraigo, circulo en plataformas digitales y llamo la atencion de medios especializados en musica latina en Estados Unidos. De repente, Javier Pecos tenia resenas en blogs influyentes y una base de fans que crecia semana a semana.

Hoy Javier da entre cuarenta y cincuenta shows por ano, alterna entre Argentina y Estados Unidos, y esta trabajando en su primer album completo. Cuando vuelve a Bariloche y ve el Catedral desde la ventanilla del avion, dice que siente las dos versiones de si mismo al mismo tiempo: el chico que bajo esas pistas a toda velocidad y el musico que encontro su propia pista en un lugar inesperado. La montana le enseno a no tener miedo a la pendiente. La musica le enseno que el camino mas largo suele ser el mas rico.