La información es también nutrición

Comprometerme con elegir desde dónde informarme puede convertirse en una poderosa herramienta de autocuidado personal.

Por Alejandra Naudi

Mar 1, 2023

Así como no todo producto alimenticio es nutritivo, no todo dato es información valiosa para mí. Comprometerme con elegir desde dónde informarme puede convertirse en una poderosa herramienta de autocuidado personal.

Solemos pensar que sólo nos nutrimos de los alimentos que consumimos. Nos preocupamos por qué comemos, nos ocupamos de elegir comida que nos alimente de verdad, que contenga “nutrientes” de calidad. Intentamos escoger qué comemos, cuánto o con qué frecuencia. Sin embargo, solemos perder de vista que nuestro organismo se “nutre” desde muchos niveles.

Nos nutrimos de las personas con las que compartimos, de las charlas y los intercambios, nos nutrimos de lo que oímos, de lo que vemos y aprendemos, de los medios que elegimos para informarnos y también de la calidad y cantidad de información a la que nos exponemos. Y así como todo esto nos puede nutrir, también nos puede “intoxicar” o “indigestar”.

Toda esta información que elegimos “ingerir” impacta de manera directa en nuestras emociones y nuestro estado de ánimo. Debemos comprender que no siempre tenemos disponibilidad interna para “digerir” esa cantidad o calidad de información. Tener consciencia de esto nos permite elegir más conscientemente desde donde informarnos, qué medios escoger para hacerlo o cuánto tiempo le dedicaremos a ello.

Nuestro cerebro es muy permeable a los estímulos que recibe, la gran mayoría de ellos ingresa en nosotros y produce efectos y cambios en nuestras emociones sin que nosotros siquiera nos demos cuenta de ello.  Cambios repentinos de humor, irritabilidad, ansiedad, desánimo o apatía aparentemente “de la nada” pueden ser algunas de las consecuencias de esta sobrecarga informativa.

La atención es la encargada de focalizar selectivamente nuestra consciencia para filtrar el constante fluir de información sensorial que recibe, que, generalmente, está muy por encima de lo que nuestro cerebro y organismo es capaz de procesar de manera saludable. Es decir, con un costo mínimo para nuestro sistema adaptativo.

Así como no siempre que ingerimos productos alimenticios nos alimentamos y no siempre que comemos nos nutrimos, así tampoco siempre que incorporamos información en nuestra vida nos nutrimos con ella. Muchas veces no solo no nos nutrimos, sino que además nos “indigestamos”, sobrecargando y sobre estimulando un sistema nervioso que ya bastante tiene con adaptarse a este mundo imprevisible, incierto y en constante cambio como para además llenarlo de información que no le aporta valor.

Muchas veces creemos que alguna información o vivencia determinada tiene un impacto neutral en nuestra vida y, cuando es así, esto no se mantiene de esta manera durante mucho tiempo. En algún momento eso que vi, que leí, que incorporé sin registrar puede constituir una sobrecarga y convertirse en “la gota que rebalsa el vaso”.

Todos vivimos expuestos a una gran cantidad de estresores ambientales, ruidos, distracciones, preocupaciones y miles de estímulos que pueden disminuir la calidad de vida o perjudicar nuestro estado de ánimo, llevándonos a vivir con altos grados de malestar y ansiedad. No es necesario vivir aislado del mundo o en un monasterio zen para cuidarme. Ayuda mantener un compromiso conmigo mismo de elegir más conscientemente a quienes dejo entrar en mi vida, desde dónde me informo o qué tipo de información es relevante para mi vida hoy.

Algunas preguntas pueden guiarnos: ¿Es esta noticia relevante para mi vida hoy? ¿En qué me aporta valor? ¿Este medio que elijo para informarme está alineado con mis convicciones? ¿Soy consciente del impacto que esta información tiene en mí?

ADN+ nace como una propuesta para quienes, además de informarse, desean vivir atentos a quienes son, a su autocuidado y autorregulación emocional, conscientes y actualizados, sin aislarse de su entorno, pero con una clara consciencia de su aporte de valor al mundo.

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