Uno, cien y mil Airas

“Buen muchacho, medio loquito. Pero buen muchacho”. Eso es lo que un personaje de César Aira responde cuando le preguntan por César Aira en Embalse, una novela de César Aira. Nada más lejos de la autoficción o, como le dicen ahora, la literatura del yo: pura invención. Pionero en la idea del multiverso, César Aira, […]

Por Nicolás Artusi

Ago 18, 2023

“Buen muchacho, medio loquito. Pero buen muchacho”. Eso es lo que un personaje de César Aira responde cuando le preguntan por César Aira en Embalse, una novela de César Aira. Nada más lejos de la autoficción o, como le dicen ahora, la literatura del yo: pura invención. Pionero en la idea del multiverso, César Aira, el eterno candidato argentino al Nobel, es el protagonista de Aira o muerte, la fabulosa novela recién publicada de Daniel Mecca, titular en el seleccionado de los libros que hacen bien. Periodista y poeta, Mecca parte de una ambición improbable (entrevistar a César Aira aun cuando sepa que César Aira no da entrevistas a medios argentinos) y descubre lo imposible: una organización de dobles (¡y triples!) de César Aira dedicados ya no a interpretar el bolero suave de un cantante adelgazado sino a conseguir el maldito premio sueco.

Daniel Mecca, el autor de Aira o muerte, la fabulosa novela recién publicada.

Un ejercicio de voluntad: “Quiero entrevistar a César Aira. Sí, ahí vamos. Quiero. Voy a entrevistarlo”, se repite Mecca antes de confrontar con la búsqueda del ídolo. Si es cierto que quienes adoramos a Aira nos acostumbramos a leer novelas que lo tienen como protagonista o personaje (lo dice el maestro Luis Chitarroni en el prólogo), acá Aira aparece multiplicado en las posibilidades de distintos Airas agrupados en torno a una consigna fanática: él o la muerte. ¿Es el Aira de La liebre o el de Embalse, el de Varamo o el de La guerra de los gimnasios, el traductor o el ghostwriter, el que publica en editoriales multinacionales o el que regala sus textos a imprentitas independientes? Es uno y es todos, múltiples piezas que parecen modeladas por una impresora tresdé y que conforman el Aira definitivo, el fenómeno mayor, en tanto extraordinario y freak: la liebre legibreriana de la literatura argentina.

“Este Aira entrenado era muy Aira, quizás más Aira que el verdadero”, narra Mecca ante el encuentro con uno de los múltiples Airas preparados para responder por él en las entrevistas pero también para escribir sus libros. Experto lector y divulgador de Borges, Mecca se interna en un laberinto del que, como todos, se sale por arriba. La trama de Aira o muerte (un haiku mafioso) es vertiginosa y, aunque delirante, no verídica sino verosímil y consigue lo que Aira logra en sus cien obras: “Llevar la metáfora a lo literal, pero no para recuperar el estado primario de lo literal sino para la construcción de una nueva literalidad, parodiada, delirante, relatada”. Aquí y allá, posibilidad absoluta: si el narrador y sus secuaces pusieran el empeño del Nobel en lograr otro fin noble, la Argentina recuperaría las Malvinas en lo que dura un congreso de literatura.

Según el escritor Ariel Magnus, “Aira ha convertido todo en una idea, incluyendo a su pueblo natal Pringles, su barrio de adopción Flores y hasta al escritor César Aira”. Pródigo creador de ocurrencias insólitas (las tormentas transparentes), objetos maravillosos (los guantes mágicos que otorgan el virtuosismo de los grandes pianistas) o prodigios zoológicos (la liebre en todas sus encarnaciones), Aira tiene en la cabeza una usina de ideas geniales. Como nos mostró la película El ciudadano ilustre, se dice que lo peor de ganar un gran premio es que el escritor deja de ser escritor y se transforma en un “funcionario del sentido común”, capturado por el brindis y la fotito, burocrático y protocolar en el discurso regio. Que Aira, el hijo pródigo de Pringles, siga escribiendo. En Aira o muerte, el humor y el delirio conspiran a favor del ilustre mago, acaso el único de los vivos que cabe en la expresión magnífica: más grande que la vida.

¿Y el café?

“El mismo César Aira entrena en un campamento a sus dobles Airas con el objetivo de dar entrevistas falsas en los cafés de Flores y confundir a los periodistas”, escribe Mecca. Habitué de los cafetines de su barrio, pero también del Varela Varelita palermitano que ya se mencionó en este espacio, el Aira multiplicado merece ser acompañado por un café doble.

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