Gabriela Arias Uriburu: “Cuando permanecés en el corazón, el amor es insecuestrable”

Marisa Andino surfeó por todas las emociones en la charla íntima con Arias Uriburu, quien protagonizó una lucha incansable para ver a sus hijos Karim, Zahira y Sharif, secuestrados por su ex pareja en Jordania.

Por Marisa Andino

Ago 30, 2023

Gabriela Arias Uriburu se casó con un empresario jordano a los 23 años en Guatemala. Luego, se topó con un gran problema: el hombre se llevó a los chicos de manera arbitraria y ahí comenzó un periplo para recuperarlos en una cultura muy contraria a la de Occidente. La historia de esa mujer, que pasó por situaciones muy dolorosas y tuvo un final feliz que fue retratado en sus libros, en este mano a mano con Marisa Andino en ADN+.

-Pasaste una etapa muy dura y hoy estás feliz con tus hijos…

-Siempre dijo que ver a los hijos realizados es todo. Me tocó una parte muy difícil pero hay una frase de los chicos que me quedó: “Mamá, de tus heridas encárgate vos, pero no nos pongas lo que vos pasaste”. Eran muy chicos, Karim tenía 14 años y Zahira 12.

-Te casaste con un jordano y luego de la separación se llevó a los chicos, ¿ahí arrancó la lucha?

-Sí. Bueno, en realidad, te voy a contar algo, ninguna mujer árabe es separada de sus hijos.

-¿Cómo es eso?

-No encontrás a ninguna mujer que sea árabe, musulmana, separada de sus hijos. Lo que pasaba con Imad y conmigo, como le pasa a un montón de hombres occidentales casados con musulmanas o mujeres occidentales casadas con musulmanes, es que en el Islam no hay una reglamentación de estos matrimonios multiculturales. Tampoco la hay en el mundo, sólo existen convenciones, como las de La Haya, pero  no reflejan lo que el niño necesita. Todo mi trabajo fue descubrir eso.

– ¿Cuánto tiempo llevó?

-Tres años. Después me di cuenta que si yo iba y los recuperaba para mí, los chicos volvían a estar en una misma situación de no tener alguna de las partes. Y esa  grieta la vive el niño. Después, en la adolescencia, todo ese trauma no resuelto se muestra en la psicopatía.

-¿Te costó mucho llegar a Jordania?

-Y, cerca de un año. Pero estamos hablando de París en el año 1998, en esa época  no había diplomacia experta en este asunto, ni tampoco gestión de Estado.

-¿Cómo fue ese momento donde los chicos te abrazaron?

-Parecía una película y yo estaba rodeada de ministros, servicios de seguridad, etc.  Ellos sólo tenían una carta de UNICEF que decía que yo estaba viva. Me llevaron a una casa de noche, yo estaba con mucho miedo y rezaba. En un momento le pedí a Dios una señal y en ese momento lo veo a Imad. Y ahí nomás apareció Karim a buscarme.  Les clavé la mirada, esa mirada que entra al corazón, para decirles “Acá estoy”. Fue algo emocionante y parte de eso lo cuento en mi libro “Después de todo”. Cuando permaneces en el corazón de tus hijos, el amor es insecuestrable.

 

-¿Y cuándo comienza después a hacer toda una vida un poco más normal, viniendo un poquitito más acá? 

-En 2005, cuando se firmó un acuerdo entre Imad y yo gracias a la ley. El sheik se compadeció con mi caso y prefirió que todos tomaran la semilla de paz y no de seguir enfrentándose y confrontando por los chicos.

– ¿Cuándo comenzó tu etapa de querer escribir y volcar todo lo que vos sentiste en tu aprendizaje? 

-Fue enseguida porque lo que vivía era algo fuerte. Tengo millones de historias para contar.  También haría una serie, sólo estoy esperando a la persona indicada para poder producirla. Eso sí, hay que tener mucho cuidado, cuidar a los chicos, al padre, etc. Tiene que haber alguien que hable del Islam y de lo que fue pasando en el Mundo. Repito, pasé de todo, hasta el terrorismo.

-Recuerdo tu lucha, me acuerdo de todo lo que sufriste en una cultura ultramachista…

-Sí, pero la mujer musulmana tiene mucha fuerza, o que pasa es que Occidente mira a Oriente desde Occidente. Vos tenés que entrar a Oriente y escuchar a las mujeres. Yo entré a la cultura y lo más difícil es que la cultura no es el hombre, es la mujer.  Una vez una señora que padecía cáncer me preguntó cuáles eran mis herramientas para superarme, de repente me convertí en espectadora de un problema de otra mujer.

-¿Tuviste algún maestro?

-No, fue mi fuerza y varias personas me fueron ayudando, como mi terapeuta Victoria. Tuve que formar un puente entre Occidente y Oriente y tratar de estar lo mejor posible para que los chicos me vieran bien en las visitas.

-¿Tuviste contacto con tu ex justamente para hablar de este tema? 

-Estábamos en una guerra. Estuve amenazada, era imposible, era como entrar a un territorio minado donde vos tenías que ver dónde pisaba para no te explotara a vos la bomba. Era 2001. Yo era una mujer occidental que entraba a Medio Oriente en medio del terrorismo. O sea, había que templarse, mirar a Oriente diciendo yo no soy una terrorista que viene acá, Lo único que quiero es ver a mis hijos. Había algo mucho más pesado acá. Entonces tuve que sacar las bombas para decir yo no soy, no voy a ser una terrorista en Jordania.

-¿Y hoy cómo está la relación? ¿Él se volvió a casar?

-Empezamos a trabajar todo el tema de la confianza, fue un trabajo de cinco años más, después en el 2010 cuando Zahira y Karim salieron de la secundaria, viajamos en familia y todo fue por los chicos. Hice un enorme trabajo interior para que ellos después pudieran sanarse, estudiar y trabajar.

-¿Cuántas veces vinieron a la Argentina? 

-Karim dos y Zahira todavía no pudo porque tuvo una operación y hay que esperar a que se rehabilite.  Hay gente que odia la situación de que todavía no haya venido, pero hoy estamos ante una generación de jóvenes que miran mucho más lo propio.

-Contame algo más de tus libros…

-“Vínculos”, el primero, fue para la maestría, lo que me enseñó a contar la historia y es lo que trato de decirle a una abuela o a un padre que no ve a sus hijos.  La segunda parte es de profundización, ahí hablo de sanar, justamente, los vínculos y las constelaciones familiares. Y me tomé el atrevimiento de hablar un poquito de la muerte después de lo que vivimos en pandemia y de la enfermedad, ya que hemos despedidos a familiares, amigo y gente conocida. Entonces quise hablar un poco de lo que trae la enfermedad en nuestras vidas.

-¿Se pueden sanar esos vínculos?

-Sí, a través de este método que creó Bergellinger, un filósofo misionero alemán que hablaba de sanar aquella historia que se sana para tus descendientes: vos estás sanando siete generaciones atrás para poder sanar hasta siete generaciones adelante.

-¿Y eso está probado?

-Sí, científicamente. Es más, yo llegué a las constelaciones por la historia de mi abuelo paterno, que le sacó los hijos a mi abuela. Nada es casual, por eso le agradezco a él porque gracias a ese caso encontré mi camino de sanación.

-Todo lo que aprendiste lo trasladás también en los talleres, ¡no parás nunca!

-Sí, es así. También incluyo a los hombres,  porque la mujer se concibe, se gesta y se da nacimiento. Nuestro rol es importante, pero no tomamos consciencia de lo que es nuestro lugar en la familia, en la sociedad.

-¿Cómo te describirías?

-Usaría tres palabras: fe, fuerza y amor. La fe es la luz en un momento de oscuridad. En más de una noche no pude más del dolor y por hablar con Dios me desperté sin dolores. He tenido miles de conversaciones, en situaciones límites, Dios te responde. Y  a partir de mi situación se dio algo muy extraño, en alguna esquina siempre me encuentro con una mujer musulmana. La chica que me hizo las manos para venir a esta entrevista era musulmana…

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