Nadie puede dar lo que no tiene

El discurso de una azafata en un avión disparó esta reflexión: "Nada más alejado del concepto de egoísmo que el autocuidado".

Por Alejandra Naudi

Abr 11, 2023

Con mucha facilidad solemos confundir egoísmo con amor propio y autocuidado.

Hace unos años, en un viaje en avión, el discurso de la azafata acerca del procedimiento en caso de emergencia me dejó reflexionando. “En caso de despresurización tome la máscara de oxígeno y colóquesela primero usted y luego a los niños o personas a cargo”. Me resultaba muy egoísta esa manera de proceder y, si bien comprendía el concepto, no lograba integrarlo. Al intentar oxigenar primero a otra persona, corro el riesgo de no salvarla ni salvarme. En cambio, al oxigenarme primero y así salvar mi vida, es más probable que logre asistir no solo a esa persona sino a muchos más.

Fue unos años más tarde, al convertirme en madre, cuando pude asimilar toda esa reflexión inconclusa que había quedado “suspendida” en mi entendimiento. Y es que “nadie da lo que no tiene”. No puedo nutrir si no estoy nutrido, no puedo oxigenar si primero no estoy yo oxigenado, no puedo empatizar con otro si antes no fui empático conmigo mismo. Ni ser compasivo con los demás si antes no puse en práctica la autocompasión.

Y a veces es así que vamos creciendo con “falsos conceptos de egoísmo”. Hemos aprendido a dejarnos en último lugar, a ignorar nuestras necesidades desconociendo nuestros gustos y límites. En un mundo que nos indaga a tener altas dosis de comprensión social cuando apenas nos comprometemos en conocernos, comprendernos y cuidarnos a nosotros mismos. ¿Cuánto nos conocemos? ¿Cuánto sabemos de autocuidado y auto respeto?. Sin embargo son conceptos muy importantes a la hora de compartir en sociedad y vincularnos. ¿Cuál es mi límite a la hora de brindarme? ¿Es un día o momento adecuado para alojar el sufrimiento de alguien sin sobre exponerme? ¿Cuánto soy capaz de ayudar en esta relación sin salir lastimado? Plantearme algunas de estas preguntas puede orientarme a tener más consciencia de mis propias necesidades y limites emocionales al momento de vincularme.

Nada más alejado del concepto de egoísmo que el autocuidado. Cuando tengo consciencia de mis necesidades, puedo atenderlas para, recién luego, convertirme en un instrumento de cuidado para los demás. Solo si sé cuidarme y respetarme podré hacerlo con mis seres queridos y con los demás.

Es difícil cuidar lo que no se conoce, por eso la premisa básica del autocuidado es el autoconocimiento. Preguntarme qué necesito para sentirme seguro. Para sentirme a salvo. Para cuidarme. Las respuestas pueden ser de lo más variadas y también cambiar según el momento en que aparezcan: tiempo, comprensión, paciencia, honestidad, empatía, apertura, falta de crítica o juicio, descanso… Y luego, considerando las repuestas que surjan, preguntarme cuánto de todo eso sé darme yo misma… A veces las respuestas pueden ser duras, o bien dejarnos en blanco. Abriendo así la puerta a la aventura de la autoexploración y el autoconocimiento.

“Si la sinceridad es decir la verdad a los demás, integridad es decirnos la verdad a nosotros mismos”. Asimilando esos aspectos que no nos gustan del todo, esas respuestas que preferiríamos no escuchar. Integrando nuestras luces y sombras. Porque es más fácil amarme cuando me conozco, y cuando me conozco es más fácil cuidarme.

Y es desde ese amor, respeto y desde ese autocuidado que puedo brindar al mundo todo lo que soy.

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